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Testigos de tres siglos

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LOS TESTIGOS DE TRES SIGLOS

Cristina Coccari de Linares

 General Madariaga es la tierra amada donde nací y donde nacieron mis hijos. Una vasija guarda el aroma del primer líquido que se escancia en ella, por lo que la esencia de este pueblo se ha incorporado a la mía. Me atrae su historia cortita y brava; es mía  porque la he  heredado y la he vivido.

 Esta historia, que ya se encarama sobre tres siglos, ha abrevado en espontáneos e improvisados historiadores familiares, en serios historiadores locales y en mis propias y atrevidas inquietudes de investigadora.

Hoy quiero coser ordenadamente estos retazos para complementar con ellos la historia para que no esté sólo hecha de tiempo. Tiempo y lugar, Cronos y Geo, Madariaga y mis más de seis décadas de vida.

El trabajo fue realizado para entregarlo a las escuelas y bibliotecas. Para los maestros que enseñan a amar a su tierra a partir de conocerla desde sus raíces. Aquí está todo lo que se ha escrito y publicado, reunido, simplificado  y clasificado por mí con la única condición de que se me permita arruinar todo con mis experiencias y observaciones personales.  

Tengo la ilusión de que mis cuarenta años de docencia me hayan ayudado a ir clarificando y desentrañando cada momento a fin de hacerlo accesible para la investigación escolar y ameno para docentes y niños. Si así fuera esto sólo me llenaría de felicidad.

 

                         María Cristina Coccari de Linares

 

Me han ayudado desde sus obras:

PARAJES Y ESQUINAS DE LOS MONTES GRANDES de Alberto Mola

UNIDAD DE INVESTIGACION N°5-IDEHAB-FAU-UNLP-Part. DE PINAMAR.

MADARIAGA, SU HISTORIA Y EL PAÍS – Abelardo Costa

SURGE PINAMAR – de Valeria Guerrero

APUNTES Y MEMORIAS de Gorki Coccari y de Olga María Coccari

SEMANARIOS TRIBUNA Y EL ARGENTINO

ENSAYOS DE HISTORIA -  Rafael P. Velásquez

ALMANAQUE Y GUÍA DE 1916 – de Massoni y López

PINAMAR Y SU HISTORIA – Rosa Morán de Fariní

PINAMAR EL SUEÑO DE BUNGE – Juan Cruz Jaime

PLANES REGULADORES URBANOS – Ordenanza Municipal 96/61

 

A todo esto he sumado mi vida, mis padres, mis abuelos, mi familia, mis convicciones y mis ilusiones, o sea todo lo que yo soy.

CAPÍTULO I -  SIGLO XIX - EL TUYÚ

 

LA NATURALEZA SALVAJE  Y EL BAQUEANO

Los Montes Grandes del Tuyú eran - allá por los mil ochocientos - macizos vegetales de que jamás habían sido mensurados, recorridos, ni explorados. Era un abigarrado, enmarañado e indómito monte espontáneo de talas, coronillos, cardos y otras especies poco amigables con el hombre. En su interior y en los campos de alrededor,  se multiplicaban cérvidos, pumas, chanchos salvajes, perros cimarrones, tigres, vizcachas, peludos, mulitas, zorros, y una enorme y maravillosa variedad de aves silvestres en sus lagunas y cañadones. Era la enormidad, la naturaleza en estado puro y sin frenos valiéndose de sí misma para crecer y abastecerse.

Por esta razón eran los Montes Grandes en el siglo XIX uno de aquellos lugares marginales de la provincia. Una especie de rincón natural, sitiado por las dunas costeras a las que empujaba el océano. Entrampados por abundancia de pantanos, lagunas y cangrejales, las tierras altas estaban pobladas de montes que llevaban siglos creciendo impertinentes, sin permiso, hasta volverlas  inaccesibles en su mayor extensión.

Eran también el hogar de adopción de millares de yeguarizos y vacunos provenientes de los rebaños introducidos por los españoles en el siglo XVII. Éstos crecían y se multiplicaban a su placer y en abundancia, haciendo del territorio la meta de aventureros y valientes colonos que iban avanzando en busca de ganado cimarrón los unos o tierras de labranza los otros.

 Pero el monte inspiraba temores y leyendas bien fundados porque si bien en ocasiones lograban entrar, salir no era fácil. No había caminos ni mojones, a veces sendas perdidas que permitían el paso de un hombre a caballo y se interrumpían súbitamente. El aventurado salía a un abra, luego a otra, pero éstas, sin el horizonte para guiarse, eran sólo un paredón vegetal igual al anterior. El sendero precario era rápidamente borrado por la vegetación sofocante. El monte, agazapado, cobraba entonces su víctima, que vagaba hasta morir.

Pero aquí cobra importancia uno de los oficios más especializados del hombre de campo: el baqueano. Algunos baqueanos ofrecían sus servicios para llevar gente de caza, para conducir viajeros o tropas a su destino a través de la pampa, pero era en los obrajes y hachaderos donde estos conocimientos resultaban indispensables. En la espesura, otro riesgo aún mayor acechaba a quien se aventurase: el gaucho alzado o de averías, los matreros con cuentas con la justicia o con el gobierno, esperaban alertas. Era “el gaucho mal entretenido” del Martín Fierro, que escondido por la vegetación salvaje y protegido por ese  halo misterioso con que la sabiduría popular lo había envuelto, el fugitivo lograba mantener en secreto su paradero, pero debía eliminar todo peligro de que su presencia fuese advertida. Y lo hacía con fiereza, a todo o nada, matando para no morir. Era la ley del monte que todos conocían y temían.

Dentro de este paisaje a pura laguna y monte, también se multiplicaron esos perros cuyos antepasados alguna vez tuvieron dueño. Eran animales bravos y desconfiados, pero perros al fin, por lo que los mayordomos y puesteros con toda su gente se internaban para capturarlos y amansarlos con el fin de usarlos en sus tareas.

 

 

 

 

“LAS ESQUINAS” DE LOS MONTES GRANDES

 

LA ESQUINA DEL DIVISADERO

Integro en este tema de “las esquinas de campo” narraciones de Alberto Mola y Rafael Velásquez, con precisiones de los planes reguladores, un estudio de la Universidad de la Plata, diarios de época y el bellísimo Almanaque guía de 1916.

La esquina del Divisadero era un nudo vial formado por los caminos a El Tala, Macedo y Arroyo Chico. Era la puerta de y desde los Montes Grandes. Allí había un puesto: San Martín de Guerrero. Alrededor de 1861 comienza la explotación de obrajes de tala y coronillo y con ellos comienzan a asentarse ranchos y corrales. Esto trae la necesidad y la conveniencia de instalar una casa de negocio en la que comienza a parar la galera. Oficializando su carácter de población, se habilita la primera subcomisaría del Tuyú en 1881 a cargo de Martín Cuelli, reemplazado enseguida por Zenón Ferrari, quien construye una casilla de madera y chapa cerca de la pulpería, la equipa con muebles y útiles de oficina y se le proveen 60 caballos. Ferrari impone un sistema de rondines para controlar las peleas y violencia que se originaban en el despacho de bebidas El Barbotín,  de Bonifacio Sierra. La marginalidad geográfica atraía a sujetos fieros. El consumo de alcohol los tornaba muy peligrosos entre sí y para con los vecinos pacíficos.

El baqueano Solano Roldán era el más famoso y respetado de su época. El acompañaba en sus rondines a Ferrari cuando debía buscar un fugitivo. Vivía en un rancho escondido cerca de Manantiales, usaba un facón descomunal de los llamados “picazos overos” y trabuco naranjero. Conocía palmo a palmo las interminables extensiones y el misterio de los montes y lagunas. Con la observación de pastos y animales podía seguir rastros que nadie veía. Indispensable el hombre.

El comisario Ferrari tenía también problemas con algunos de sus vigilantes, que no eran sino gauchos que desde lo profundo del alma despreciaban la disciplina y la autoridad. Cuenta Mola que, cuando aún estaba Cuelli, envió a un agente a cuidar un velorio, pero se puso ebrio y tan violento que los deudos debieron desarmarlo, atarlo codo con codo con un pañuelo y entregarlo en la subcomisaría. Para colmo Cuelli envió a los dos -  al agente y al que se lo trajo -  al juez, esposados.

 ¿Sería por eso que duró tan poco el comisario Cuelli?

En 1882, aún el gobierno del partido vagaba de estancia en estancia, llevado por la lucha de poderes de los grandes hacendados. Esto fue la causa de que no se estableciera el pueblo cabeza de partido. El juez de paz, Teodoro Serantes de la estancia La Felicidad, pidió se lo ubique en las cercanías de lo que es hoy Las Armas, pero la legislatura respondió fijando el lugar en San Martín, en tierras de Antonia Guerrero en el año arriba señalado.

Serantes protestó por esta elección, señalando que “las aguas son malas, con grandes lagunas de agua salada y no es posible que se habite jamás.” Pese a este cuadro sombrío, la gente habitaba de hecho la zona de San Martín, pero las protestas de los terratenientes atrasaron su consagración como pueblo.

En la pulpería Divisadero, Don Gregorio Sierra incitaba a contar, con la campechana soltura que hace el oficio, las historias de los misteriosos montes. “Hasta interrumpían sus tareas para escucharlas mayordomos de prestigio como don Pedro Estanga de “La Esperanza”, don Juan Montes de Oca de “Laguna de Juancho, don Serapio Flores de “La Florida” o el gringo Simison de “La Argentina” -dice Pato Mola -  sugestionados por ese mundo intemporal tejido por la imaginación y las leyendas.” 

De boca en boca se ha sabido que don Gregorio plantó por primera vez el pabellón nacional en los Montes Grandes, como un código para invitar al vecindario a la reunión con cantor y vino, en el mismo lugar donde, años más tarde, iba a estar la cabecera de partido de General Madariaga.

(1)-Nota de autora - John Simison era primo de mi abuelo materno, Robert Brown Annal, ambos de origen escocés. Mi abuelo vino al país como carpintero de la estancia “La Argentina” de Damasia Sáenz Valiente de Muñiz Barreto invitado por su pariente, mayordomo de la estancia desde muy joven. Casado Robert con Carmen Magaldi, fueron padres de siete hijos. Esta familia – a la cual perteneció Eva, mi madre -  se encuentra entre los primeros pobladores del Pueblo y Colonia Divisadero por una razón muy simple: ellos ya estaban  antes de ese hecho memorable.

LA ESQUINA DE SAN MARTÍN Y UN PINTORESCO INVENTARIO

En ese momento de su historia el Tuyú era tierra de frontera. Montaraces, policías, mercachifles, galeras con pasajeros de variada condición, confluían en ese nudo hacia los cuatro rumbos: Ajó, Maipú, Arroyo Chico y, por la Unión, hacia Monsalvo y Dolores.

Los milicos se instalaban precariamente con sus familias, compraban carne en la estancia Laguna de Juancho y los vicios en San Martín o en su sucursal San José o en Divisadero, lo que se debitaba de sus pagas mediante nota del subcomisario al juez.

San Martín de Martín de Alzaga, abastecía también peonada, puesteros, arrendatarios dispersos por 30 leguas.

Pedro Errecareborde pone almacén y billar en 1866. Era propietario de una tropa de carretas, con la que se procuraba el abastecimiento que no era por eso, menos azaroso. Si el carretero, en medio del viaje, consideraba que era poco lo acordado, se amotinaba y no seguía. La tropa entonces debía regresar.

En 1882 Bonifacio y Sierra compran la esquina de San Martín y su anexo San José. En las facturas de época el rubro se consigna como almacén, tienda, ferretería, talabartería y panadería.

En 1890 las regentea Manuel Bautista, en franca competencia con la esquina Divisadero.

Bautista atendía a los pobladores de Juancho, El Tala y parte de Macedo. Cada 15 días se hacía el reparto en puestos y estancias, en carros de hasta 6 caballos. En sus “6 vidrieras en el despacho de tiendas”, se extasiaban las señoras, eligiendo entre camisetas Oxford de trabajo o de tartán con lana; ponchos y mantas de lona o paño piloto; cotines de diversas calidades; calzoncillos de lienzo; piezas de tela de bombasí, franela, merino, bramante, percalina o lustrina; bombachas y pantalones hambrona, trajes completos; chiripas, toallas turcas, rebozos y sacos de señora; sombreros, boinas, tabaqueras de goma, cuerdas de guitarra, fajas, jabones de lechuga, carteras finas, tijeras, horquillas, abanicos, guitarras, espejos, perfumes. En sus estantes de botica estaban la limonada Roget y Pagliano, píldoras taurinas o Copaira y Cristol, pectoral Anacahita, aceite castor, tintura árnica, bálsamo católico, aceite de hígado de bacalao, Linimento Genal o Vismal, sal inglesa, sinapismos de 50 parches, parches poroso, manteca de cacao, goma arábica, ácido tartárico, pastillas de alcanfor, bicarbonato de sodio, tilo.

En la sección librería se vendían reglas, catecismos Astete, tablas de contar, libros de Aritmética, de payadores, biografías, caligrafía, lápices, pizarras, tinteros, plumas y lapiceras.

A los hombres los atraía el despacho de bebidas y billar, donde brillaban en los estantes las botellas de menta del país, puncho inglés, grapa italiana, aperital imitación, vermouth, fernet, cerveza Quilmas, cognac, curasao, ginebra porrón. Allí negociaban sus frutos y compraban herramientas,  tabaco, cigarros o cigarrillos y papel de liar. Adquirían los vicios en el surtido almacén y se mandaban a hacer las botas y botines. Al fondo estaban la talabartería,  la herrería con su fuelle, vigoriza, torno, máquina de taladrar hierro, y la imponente fragua infernal. En un galpón con plancha de descarga se pesaba la lana, cerdas y otros frutos que las tropas de carros llevarían hasta la estación de Maipú.

A diario llegaban las volantas y brecks particulares, los carros de carga, la galera de los Montes Grandes, todos los jinetes de paso. Para las fiestas patrias había cuadreras, juego clandestino, juegos de taba, sortija, baile, asado, tortas y empanadas. Encumbrados estancieros, grandes mayordomos y el humilde peón pasaban por el escritorio de don Manuel Bautista a negociar, saldar sus deudas o a tomar unos amargos.

En 1885 murió Bautista,  el propietario. El juez de paz, don Emilio Herrera abre la caja fuerte en presencia de su hermano Angel, único heredero, y los testigos Gregorio Sierra y Alejo Odriozola. Había 2.743 pesos m/n y un título de una legua cuadrada (2500ha) en Córdoba otorgado por el presidente Julio Argentino Roca. Se realiza un inventario, gracias al cual, a través de nuestro Juzgado de Paz, nos ha llegado  este bello detalle del boliche de campo.

Angel Bautista vende a José Pérez y éste a Balbino González, ya en el siglo XX, en manos de quien llega a ser próspero almacén de Ramos Generales hasta su cierre.

 

 

 

 

 

 

LOS MONTES GRANDES

Don Joaquín Suárez, estaba en condiciones de “hacer campo” fuera del Salado en 1824, ya que era uno de los mayores propietarios de ganado de Magdalena. La profusión de caballada salvaje convertía a estas extensiones baldías del Tuyú en una excelente inversión para hacendados con experiencia y recursos como Suárez. Ese año compra al gobierno y mensura. Su hijo Martín Diego hereda la “Laguna de Juancho”, comprendida entre los campos de Anselmo y Casto Sáenz Valiente al S; Anchorena al O; Pascual Suárez  al N y el océano Atlántico al E a quien compra en remate Juan Huges para Martín de Alzaga. Éste también adquirió al otro heredero de Suárez la estancia Manantiales, volviendo a conformar la antigua propiedad de Montes Grandes en 1853. En 1867 adquirió en enfiteusis al gobierno cinco leguas más encontradas en excedente.

Don Martín se casó en 1862 con Felicitas Guerrero, y falleció en1870.  Su viuda heredó sin tener descendencia, pero al morir trágicamente, la propiedad de los campos – 25,24 leguas cuadradas -  pasa a sus padres, Carlos Guerrero y Felicitas Cueto.

Carlos Guerrero aumenta la extensión adquiriendo en 1872 en remate judicial los terrenos de Lastra conocidos como “Del Medio”, al norte de sus tierras, lindando con las lagunas La Salada Grande y Chica (3,293 leguas cuadradas). Esta estancia se denominó “Los Zorzales”. Había ya en ese año -1872- un plantel de 300 personas trabajando en las propiedades de Guerrero.

Dentro de ese paisaje de bañados y montes cerrados y vírgenes, llegaron a ser muy abundantes los perros cimarrones, cachorros fieles y fuertes que los secundarían en sus tareas y cuidarían las casas. “Un buen perro, un buen lazo y un buen caballo” era el lema para enfrentar el monte misterioso. A veces no hacía falta ir en su busca, ya que llegaban al atardecer en busca de alimentos e iban ganando confianza. Ese perro criollo, una vez domesticado, era invalorable para internarse a buscar reses o potros perdidos en el monte: era un baquiano más.

         Toda la costa bonaerense, desde la boca del Salado hasta Mar Chiquita, tuvo perrada cimarrona hasta 1980. Por lo apartado y boscoso del paraje, la Laguna de Juancho fue la zona que los conservó hasta principios del siglo XX.

Vino la Guerra Mundial y la escasez de combustible. Nuestros montes eran la provisión de leña para Inglaterra viabilizada por sus ferrocarriles. Hubo muchos obrajes de leña en los Montes Grandes. Cuando el monte empezó a caer, con la ayuda de aquellos perros domesticados despanzurrado a hacha y fuego, cuando los animales comenzaron a morir en manos de los avariciosos traficantes de cueros, plumas y cebo, comenzó también la fuga del misterio y la magia que envolvía a los Montes Grandes. Era la leyenda que se ausentaba en un lento mutis.

         En 1871 se produce la reorganización del gobierno local en la estancia “La Unión de Peña”. Era el alcalde o delegado del Juez de Paz, el mayordomo de la Estancia Juancho, de Guerrero. En 1872 se instala sobre la esquina del Divisadero, siendo alcalde el dueño de la pulpería “La Estrella”, ubicada en la huella que iba desde Juancho a Macedo para el sur y a Ajó para el norte.

         Hacia 1880 el paraje contaba con las siguientes edificaciones: Esquina “San José” (antes  La Estrella), en el Divisadero; el almacén  “San Martín de Juancho”, de Bonifacio y Sierra, donde estaba la subcomisaría y la esquina de Cabanillas, cerca del actual cementerio, todos ellos en el campo de Zubiaurre: ”La Esperanza”.

 

EL DESALOJO DE LOS ARRENDATARIOS

         Hay un acontecimiento que nuestros jinvestigadores coinciden en considerar como una bisagra en la historia del Tuyú: En 1893 don Carlos Guerrero arrienda en bloque la desmesurada  estancia “Laguna de Juancho” a la firma Santiago Roca Terrarosa y hermanos, saladeristas de Magdalena y terratenientes en Pila. Un ejército de escribas y empleados participaron, ya que a la enorme cantidad de hacienda existente, se sumaron los inventarios de inmuebles, puestos, muebles y otras instalaciones que formaban el inmenso patrimonio. De golpe fueron desalojados más de 44 arrendatarios y puesteros con sus familias, enseres y animales. El señor Manuel Guerrero, en representación de su padre, remite el 5 de abril de 1894, una nota al Juez de Paz donde pide que, por medio del alguacil, haga notificación de desalojo antes del 1° de mayo en que deberá ser entregado, caso contrario, se hará lanzamiento por la fuerza pública. Entre el 28 de abril y el 31 de mayo se expulsó a los medianeros, tercianos y agregados que quedaban, con una resistencia generadora de conflictos entre los desamparados. Este hecho originó una conmoción social que aceleró el proceso de formación de un pueblo en el partido del Tuyú. Ese vecindario silencioso y derrotado que quedó a la deriva, asentándose en tierras ajenas, deambulando con sus carros y majadas en busca de trabajo o tierras para comprar, formó la base de lo que se dio en llamar Pueblo Nuevo.

                     

 

 

 

LA SUCESIÓN GUERRERO

 

 

Importantísimo hito en nuestra historia por el peso que han de tener de las acciones futuras de los herederos, por la vastedad de los territorios legados, por la ubicación de esos “fondos de campo” providenciales y por el modo en que la vida y los hombres los fueron modelando.

 

         Casi sobre el fin del siglo fallecen don Carlos José Guerrero y más tarde su esposa, doña Felicitas Cueto de Guerrero. La extensa propiedad de los Montes Grandes se divide entre sus hijos:

Luis Guerrero: casco de “Laguna Juancho” con 6871 has.

Catalina Guerrero de Martínez Ituño: “Los Zorzales” de 5271 has., más “La Providencia y “San Cayetano”

José Guerrero: “Felicitas” (2768 has.) y “Tapera Nueva-llamada luego “La Selva” -(4676 has.)

Enrique Guerrero: “Manantiales” y “La Vidalita” (3009 has) más Loma Alta.

Carlos Francisco Guerrero, Padre de Héctor Guerrero, fundador de Cariló: “Charles” (2389 has.) y “Dos Montes” (5171 has.)

Manuel Guerrero, padre de Valeria Guerrero, en cuyos campos se fundan Ostende, Pinamar y Valeria del Mar: “Las Lomas” (2551 has.) y “La Invernada” (5730 has.)

Antonia Guerrero de Albarellos: “El Rosario”(6045 has.) que vendió a su hermano Manuel y “San Martín” (2883 has.) donde posteriormente se levantó una sección de Gral. Madariaga.

Antonio Guerrero: “El Progreso” (2800 has.) y “Tío Domingo” (4285 has.)

Jorge Guerrero: “Martín García” (8066has.)-su fracción medanosa es hoy Montecarlo- y “La Barrancosa” (2669 has.)

CREACIÓN DEL PARTIDO DEL TUYU

         Cuando en 1821 el gobernador Martín Rodríguez dividió la campaña en tres departamentos, la región del Tuyú quedó incluida en el partido de Chascomús. En 1830 había tres comandancias en  la provincia: Monsalvo, Azul y Tandil

Data de1824 el primer relevamiento  de la zona de Los Montes Grandes de Juancho, la primera referencia histórica  que documenta su existencia.

 En 1827, el presidente Rivadavia promueve la colonización autorizando a ceder en enfiteusis las tierras a quienes lo soliciten y permanezcan en ellas (había que “estar”, de allí el término estancias).

         Es en este período cuando se da una progresiva ocupación del territorio al sur de la ciudad de Buenos Aires con el objeto de apoderarse del ganado cimarrón ante la creciente demanda externa de cuero, carne salada y sebo.

 En 1862, por ley, se reconoce como propietarios a todos los ocupantes de tierras fiscales que se hayan mantenido en la ocupación con cultivos o población. Pero aún las partidas del cacique Cafulcurá llegan hasta el Salado y hay temor y expectativa por sus malones.

Al Tuyú, por falta de asiento fijo de sus autoridades y pueblo, aún se lo asimilaba aún a Monsalvo (hoy Maipú).

         En 1879, con la expedición de Roca al Río Negro, se inicia la definitiva ocupación del área sudeste, la economía exclusivamente basada en la explotación ganadera. La colonización agrícola sólo se hacía alrededor de los ejidos urbanos. Esta zona, al sur del Salado, fue la proveedora de ganados vacunos y caballares, sin restricción en la explotación en las llamadas “vaquerías”. 

 

En 1839, debido a la Sublevación del Sur, el gobernador Rosas creó el Partido del Tuyú con la partición del de Monsalvo para un mejor control, porque en “San Simón” de Alzaga se había establecido un cuartel insurrecto a las órdenes de José María Otamendi.

 

 

PRIMEROS ASIENTOS DE GOBIERNO

 

EL TALA

PRIMERAS MENSURAS Y DEMARCACIONES

En 1813 el gobierno cede terrenos para establecer el primer centro militar y gubernamental en el Tuyú, en un paraje denominado El Tala o Dos Islas. Estas tierras fueron cedidas en 1819 a Lorenzo López. Desde 1821 ya se tienen noticias de que los hermanos Juan José y Nicolás Anchorena, asociados con su primo Juan Manuel de Rosas, hacían negocios rurales en sus estancias  “Dos Islas”, “El Tala” y “Camarones”. Y adquirieron en 1824, 48 leguas cuadradas, iniciando la estancia “Lomas de Góngora”.

Los agrimensores Teniente Coronel Felipe Senillosa y Juan María Gutiérrez, al frente de la Comisión Demarcadora formada por Juan Manuel de Rosas, realizó en 1824 la primera medición al sur del Salado, que incorporó al Tuyú en los mapas.

Llevaban personal, ayudantes técnicos y el hacendado Pedro Burgos con sus peones. En 1825 en la estancia El Tala, se les incorporó Saubidet. Rosas les adjudicó buen presupuesto, les enviaba carretas con utensilios y víveres y frecuentemente acompañaba al contingente. En 1926 se alojó en la estancia El Tala, propiedad de sus primos Anchorena.

Ese trabajo incorporó detalladamente las tierras de los Montes Grandes del Tuyú. Plantando banderines, amojonando y denominando parajes, lagunas, lomas y montes, le otorgó identidad concreta y el don de la pertenencia. La misión técnica pasó luego a Mar Chiquita y el resto de la provincia.

 

LEEMOS EN EL PERIÓDICO “EL PUEBLO” DEL 7 DE DICIEMBRE DE 1968:

Tierras comprendidas entre Macedo y las Lagunas llamadas Las Saladas - Año de 1824

En el plano levantado para la Comisión Demarcadora por el Ingeniero Felipe Senillosa y el Agrimensor José María Gutierrez, se pueden ver  líneas de puntos que representan el camino que siguió el Agrimensor para el levantamiento del plano. Se colocaron mojones en:

a- Mojón esquinero de Don Agustín Lastra, Don Pedro Blas Escribano y las tierras que se dicen de Suárez y que sirve de arranque a la medición de las tierras de Don Lorenzo López.

b- Punto donde se deja la línea.

c- Talitas de de Gavino.

d- Casa de Don José Lastra.

e- Mojón de Macedo del cual han partido varias mensuras.

g- Laguna de Martín García en la Banda del Norte.

f- Lomas de las Ramas Caídas.

g- Norte espeso al Norte de la Laguna de La Sepultura.

h- Puesto de Suárez.

s- Estancia Los Manantiales.

ñ- Monte cerca del mojón de donde partió la medición de Las Sierras de

Suárez.

n-Paso de los Manantiales llamado de la Llegada.

k- Médano observado.

y- Mojón de Don Agustín Lastra.

 

 

MENSURA EN EL TALA DE ANCHORENA

Por encargo del propietario, Senillosa comenzó en 1825 la demarcación de la estancia “El Tala” de los hermanos Anchorena. Estaban presentes los linderos: Joaquín Suarez, Rosas en representación de Anchorena, y José Herrera, representante de la sucesión Segismundo. Se determinó que el terreno tenía más de 12 leguas cuadradas de forma irregular con límite en los médanos. Se amojonó de a media legua, en esquineros y puntos notables.

Rosas había dado tierras a su antiguo mayordomo, Roque Baudrix, con el encargo y el poder de organizar el  nuevo Partido como funcionario civil y militar con sede en El Tala. En poco tiempo, como Juez de Paz, Comisario y Jefe del 2° y 3° escuadrón del Regimiento 5°, armó la primera estructura de gobierno del pago. Allí convergían postas, caminos, chasquis y carretas. Baudrix era patrón de tropas de carretas y organizador de negocios de los Anchorena.

 

SUBLEVACIÓN DE LOS LIBRES DEL SUR Y LA REVANCHA SANGRIENTA

Cuando los sublevados que partían de las estancias de la zona rumbo a Dolores llegaron a esta comandancia, hicieron prisionero a Gervasio Rosas, hermano del Restaurador y lo mandaron preso a La Esperanza de Zubiaurre en el paraje Divisadero.

1840 - Al ser derrotados los Libres del Sur, perseguidos por el sanguinario degollador Juan Durán a las órdenes de Prudencio Rosas, atravesaron estos campos buscando refugio en los Montes Grandes y llegaron las represalias para con sus bienes y familias. Se tomaron botines en estancias de los terratenientes derrotados. Alberto Mola ha hurgado y hallado en el Juzgado de Paz:

*Roque Baudrix, a su regreso, ordena: “Traiga todo lo embargado de la estancia del Salvaje Unitario Anselmo Sáenz Valiente e invite a los vecinos a hacer ponencias en el remate”

*Levanta – vaya a saber en virtud de qué negociación – el embargo a las estancias Laguna de Juancho y Loncoy.

*Se pagaba la ayuda de los “indios amigos” con dos tropas mensuales de “300 animales gordos”. El gobierno de Rosas sacaba de los campos de los vencidos administrados por el juzgado, del “Salvaje Unitario Agustín Acosta” u otros, cuyos propietarios soportaban persecución política o el exilio.

Esta “saca” llevó casi a la extinción a las famosas caballadas de los Montes Grandes, en una revancha irresponsable, ávida y corrupta que enriqueció a los gobernantes mientras saqueaban la zona. Esta situación se extendió hasta 1851, en que la derrota de Rosas en Caseros permitió devolver los campos a sus dueños.

El último Juez de Paz con asiento en El Tala de Anchorena fue Florentino Gómez, quien, con el comisario Mariano Terrero, efectuaba las sacas y perseguía a los vagos, a quienes mandaba engrillados al cuartel de Santos Lugares, a cuidar las fronteras.

 

SUCESIÓN DE “EL TALA” DE ANCHORENA – En 1859 se forman, de las 22 leguas cuadradas, dos estancias:

 “El Tala”:11 leguas cuadradas a Juan y Nicolás Anchorena – “El Chajá”: 10.5 leguas y fracción a Mercedes Anchorena de Aguirre.

1894 – Se divide El Tala, quedando éste para Juan de Anchorena y La Florida para Aarón de Anchorena, hijo de Nicolás. Cada uno con 5 leguas cuadradas y fracción.

 

MACEDO Y SU HISTORIA

MENSURA EN MACEDO

Por encargo de Félix Montes, el perito Lucio V. Mansilla partió en 1811 de un punto a 100 leguas de la capital, denominado “Espuela Verde” y, entre este y costas de los Montes Grandes, puso un mojón. Este punto cartográfico era Macedo.

En 1812, Félix Montes reclamó 12 leguas cuadradas acorde con esta mensura, pero no se ocupó de poblar por lo que en 1819 pasaron a Juan Tindall y de éste a José Lastra en 1825.

El pionero Francisco Ramos Mejía disputaba a los indios ya desde 1815 el último establecimiento ganadero al sur del río Salado: Mari Hincul. El Director Supremo don Juan Martín de Pueyrredón  invitó a estos pioneros en 1818 a denunciar terrenos baldíos que “gusten ocupar” dentro de la proporción de sus posibilidades. Estos serán dados en merced con la única condición de poblar a los cuatro meses desde la posesión. El gobierno se comprometía a acudir en ayuda de los colonos si los infieles irrumpían tras su línea. Esta disposición fue el inicio real del corrimiento de la frontera.

La profusión de caballadas semisalvajes en los montes y limpiones de este rincón del Tuyú, atrajo al experimentado hacendado Joaquín Suárez en 1824, como una fructífera inversión. Hizo campo, marcando y delimitando su propiedad, de enorme extensión, con líneas imaginarias que iban de un mojón divisadero al otro, según la usanza del siglo XIX, en el que no había alambrados.

CAMBIO DE DUEÑOS

En 1825 Lastra vendió a Francisco y Casto Saenz Valiente su propiedad. Estos, en 1855, mandaron a hacer la mensura total de sus 15 leguas al agrimensor Justiniano Lynch. Partió Lynch desde el mojón “Costilla de Ballena” de Senillosa, llamado así porque se había marcado con osamenta de ese animal traído desde la playa. De los linderos sólo asistió Martín de Alzaga el primer día. Una soledad que define al pago. “Por su título pertenecen a los propietarios 12 leguas cuadradas, quedando tres para el estado. Los propietarios pueden concurrir a comprarlas si les conviene”.

Ese año los Sáenz Valiente vendieron a sus familiares Alejandro y Federico Leloir 4 leguas cuadradas.

Las 3 leguas cuadradas fueron reclamadas en 1963 por el Sr. Lahezic y por la sociedad Saenz Valiente-Leloir. En 1970 Lahezic cedió a favor de la sociedad el remanente fiscal que el la mensura resultó tener 8201 hectáreas. Recién ese año se definió patrimonialmente la propiedad de 15 leguas cuadradas. También ese año falleció Anselmo Sáenz Valiente. La testamentería divide en tres estancias de más de 4 leguas cuadradas el campo Macedo en inmediaciones de la Estación Monsalvo:

 l.- Laguna del Maestro para Casto Sáenz Valiente

2.- Macedo para Alejandro y Federico Leloir  

3.-Arroyo Chico para Anselmo Sáenz Valiente

La adjudicación se sacó a suerte del sombrero. Se dice en la familia Leloir que la pérdida de Macedo ocasionó un gran disgusto en la familia Sáenz Valiente.

La estancia Macedo, compuesta por 8200 has. de médanos vivos enmarcados por guadales, es el asiento del Juzgado de Paz a partir de 1860, en que es nombrado Alejandro Leloir. Asumió también el cargo de Comandante del Regimiento 15 de Caballería de Campaña acantonado en la estancia. Esta tarea fue muy difícil, ya que, por las continuas luchas entre la Provincia de Buenos Aires y la Confederación Argentina, se sufrían continuas requisas de caballos compulsivas con destino a las tropas porteñas en operaciones.

En 1863 asumió como Juez de Paz Emiliano Aguirre.

En ese entonces Macedo tenía 12 leguas  donde funcionaban más de 20 puestos fronterizos encargados de cuidar y encerrar las ovejas, pues la cría de ovinos fue primordial.

Tenía una población formada por: Casa principal con techo-azotea de tejas francesas en sus corredores, con 5 dormitorios. 2 casas para peones construidas en ladrillos asentados en barro con techo de chapa: una de 31x5 y la otra de 19x5. 2 edificios de 26x8 para carnicería y cochera y galpón de esquila de ladrillo y chapa con amplios aleros. Bañadero de ovejas de mampostería. Quinta de 8 ha. Con cerco vivo y totalmente alambrado.

 

EL ALMIRANTE BROWN EN MACEDO

En 1826, para aliviar el asedio de la escuadra brasilera sobre Buenos Aires, el gobierno compró tres naves en Chile, que fueron bautizadas con los nombres de Buenos Aires, Chacabuco y Montevideo y fueron despachadas a través del estrecho de Magallanes. Para recibirlas comisionó al almirante Guillermo Brown, quien llegó a la posta y acantonamiento Kakel, donde le dieron 40 hombres al mando del coronel Saejos. Atravesó la Laguna del Maestro, de Sáenz Valiente y estableció su residencia en Macedo.

A la altura del sitio donde hoy se encuentra Villa Gesel, un grupo de negros salió en una embarcación facilitada por Casto Sáenz Valiente para encender una enorme fogata en el Cabo Corrientes para guiar la ruta de las naves. Al no tener más noticias de este grupo, Brown fue a Buenos Aires y se embarcó en la Fragata Sarandí rumbo al Cabo Corrientes. Sólo llegó la nave Chacabuco. La Buenos aires naufragó en el Cabo de Hornos y la Montevideo regresó a poco de partir, con serias averías. A pesar de ello, como sabemos, Brown nunca se desanimó.

Hoy existe una placa en el corredor colonial de la vieja estancia que dice: “En esta casa vivió el ilustre almirante Gullermo Brown esperando el arribo de una escuadra para iniciar desde las proximidades, un crucero a las costas de Brasil durante la guerra de 1826.Homenaje de la Dirección del Museo Histórico de Luján – 1940”

 

 

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Comentarios Testigos de tres siglos

Quisiera averiguar por qué las lomas se llamaban "de Góngora".

Soy   genealogista y tengo los antepasados Góngora en Córdoba, pero sé de un viejo juicio por las Lomas de Góngora que se tramitó en Pcia. de Buenos Aires con la familia Anchorena.


Mi interés es saber si en la zona actual hay registros parroquiales de los antiguos Góngora, con quiénes se casaron y si hoy, aún con otro apellido, hay descendientes de esta rama que, indudablemente, tienen que ver con los de Córdoba.


Muy agradecida


estelaerrico@gmail.com  
estela maria errico estela maria errico 21/01/2012 a las 22:59
Tengo dos blogs iniciados: " El blog de Cristina Coccari" y "Estancias del Tuyú". Hace ya tiempo que no puedo ingresar para actualizarlos, subir más artículos, enriquecerlos. Puedo tener una contraseña nueva?
CRISTINA COCCARI CRISTINA COCCARI 02/09/2015 a las 01:32

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