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Las playas de mi pueblo

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Mi pueblo se llama General Madariaga. Desde su fundación y hasta 1978, esas costas azuldoradas pertenecieron a mi verde Madariaga. Desde que eran el depreciado "fondo de campo", a través su nacimiento como meta para el descanso y los días felices, pasando por el clamoroso auge de los años 60 hasta el vértigo de los 70 con sus incongruentes torres que pugnaban por tocar el cielo. A partir de 1978, con una línea trazada con regla sobre una ruta desde el escritorio de alguien que no supo ser previsor, las playas de mi pueblo, esos amados lugares de placer y reposo, fueron repentinamente "destetadas".

No quiero discutir aquella idea precipitada de crear tres municipios donde hubo uno. Con un mínimo de planificación no hubiera traído tantos inconvenientes que aún no sabemos cómo arreglar.  Como es lógico y deseable, las playas siguienron creciendo, fueron la meca acariciada por todos los argentinos en vacaciones pero... 

Ahora no tenemos tierra. Sólo arena, sólo médanos, sólo mar- benditos sean- pero...otra vez pero.

Los Partidos de Pinamar y Villa Gesell, y más allá el Partido de la Costa (el hijito emancipado de Lavalle), no tienen dónde poner su basura, dónde volcar sus sistemas de cloacas, dónde ubicar su cinturón industrial, dónde apacentar sus caballos de alquiler, de dónde sacar los panes de césped...

Una correcta y esmerada planificación hubiese permitido pensar en todo esto. Nunca una ruta puede ser límite y línea divisoria lógica para crear nuevos partidos. El "municipio urbano" nace condenado a la dependencia permanente de quien fuera su municipio madre por carecer de tierra.

Publico aquí algunas fotos de aquel Pinamar que fue, junto a Villa Gesell, la playa de mi pueblo.

ANÉCDOTAS GRACIOSAS Y OTRAS NO TANTO,CONTADAS POR "CUERO CRUDO" EL NARRADOR DEL TUYÚ

ARBIDE Y EL GRINGUITO ASTUTO

Allá por los años 57 al 59, las crecientes sacaban y depositaba sobre la arena tablones y tirantes de gran porte. Estos eran arrojados al mar por los barcos de la Flota Mercante, a fin de aliviarse de lastre durante tempestades que ponían en peligro de zozobra la embarcación.

Luego de los temporales, los vecinos de la zona de Pinamar hacían un recorrido en busca de esas maderas de buena calidad con el fin de usarlas o venderlas.

En una situación como esa, un gaucho de apellido Arbide dedicado a la venta de caballos que viajaba de Mar de Ajó a Pinamar, al pasar por la zona del faro Punta Médanos encontró gran cantidad de tablones – más de cien -  de 6 y 7 metros de 60 cm de ancho.

Como andaba a caballo, lo único que pudo hacer fue sacar a la cincha los tablones que aún estaban en el agua, lo que le llevó un duro trabajo de varias horas.

Se arrimó a Pinamar y trató de arrendar algún vehículo con el que traer las tablas, pero sólo encontró un pequeño gringuito rubio que tenía un viejo tractor y un pequeño aserradero, al que Arbide le dijo:

-Mirá gringo, tengo que traer unas tablas que sacó el mar, te pago bien si me hacés el viaje. – y le explicó qué, cómo y dónde.

-Bueno, signore-le dijo el tanito- io voy a ver a mi papá per que me dé permiso y vamos después de comer.

Eran las 10 de la mañana. El gaucho Arbide se fue a comer a lo de Púa y a las 13 horas estuvo firme en el aserradero y salieron los dos en el tractor con acoplado.

Al llegar, vio Arbide con amargura que otros se habían llevado todo su esfuerzo. El tanito se mostró apenado por el fracaso del viaje, pero el gaucho no era tan “caido´el catre” y notó que las huellas del vehículo que se había llevado las tablas eran de un rodado idéntico al que ellos andaban.

-Pero decime gringuito e´perra no sos vos el que me ha caloteado la madera, caracho?

-Non signore, lo que pasa que usted muy nervioso y ve todo el doble.

-Te viá partir de un hachazo si no me decís dónde te llevaste la madera

El gringuito dijo

-Baje y sígame y vea per donde va el rodado, que no es para Pinamar.

El gaucho bajó del tractor y éste salió a toda marcha dejándolo a pié, en ese lugar por donde nadie pasaba. Años después este gringo era un poderoso empresario que ya ha fallecido. Arbide, despierto y astuto, viendo que había perdido no se cansa de contarlo.

 

ARBIDE Y MIGUELITO NAZAR

El oficial Miguel Nazar estaba relevando al comisario de Madariaga circunstancialmente. Por las noches regresaba en su estanciera a dormir en su casa de Pinamar. A la altura de “El Rosario” divisó un arreo en los préstamos del camino. Dudó de la legalidad del mismo y llegó hasta Pinamar en busca de refuerzos. Trajo personal y detuvo al arriero, que era el nombrado Arbide, arriando 10 vacunos listos para la carnicería, propiedad de la estancia “El Talar” del Dr. Russo. Había sacado los animales sin cortar alambres ni usar llaves, se supone que puso las caronas del recado y algunas bajeras sobre el guardaganado y los novillos lo saltaron sin ningún inconveniente. Una vez en la comisaría el gaucho decía que no sabía quién era él, se reía con todos y cuando le preguntaban para quién eran los novillos, él decía que había que preguntarle al caballo, porque eran amigos con los novillos y así se hacía el loco.

Una mañana le preguntó el Sargento Suárez:

-Dígame señor Arbide…¿A quién va a poner de testigo  de su conducta?

  -Dígame… ¿Usted es el comisario? -Contestó Arbide.

-No, yo soy Suárez.

-Pero si usted me conoce bien a mí…No, creo que lo vi en un baile…puede ser? Sí, cómo no…y recuerdo lo que nos pasó a usted y a mí.

-No, yo no me acuerdo- dijo Suárez.

-Cómo no, usted no se quiere acordar…

-No sea terco, hombre, yo nunca voy a bailar.

-Pero a éste sí fue.

Suárez ya estaba ensillando ladeado, cuando de repente Arbide dijo:

-¿No se acuerda Sargento que  a los dos nos violaron ese día?

El sargento miró a los que los rodeaban y dijo:

- Este sí que está loco, señor.

Conducido a Dolores, el Juez en lo Penal le tomó indagatoria, preguntándole:

-Dígame señor…si Ud. no tiene llaves, no tiene herramientas, ¿cómo sacó a los animales del campo?

-No señor. El caballo que yo monto se ha criado con esos novillos y son muy amigos. Yo me vine con mi caballo y él se trajo a los novillos, que a lo mejor son de él.

El juez pidió a un perito que informe si podía haber afinidad y afecto entre los animales. Éste dijo que existe afecto y se extrañan entre algunas especies de animales y se da entre caballos y vacunos. Arbide salió absuelto de culpa y cargo.

 

RECUERDO DEL DESTACAMENTO DE PINAMAR

Nota : cuando dice “el turco” se refiere al subcomisario Miguel Nazar a cargo del destacamento.

Aquellos años fueron hermosos por la convivencia que existía entre nosotros y nosotros con nuestro jefe Éramos como hermanos. Eso sí: la disciplina de forma y de fondo estaba siempre presente. Ponerse de pie, cuadrarse, dar las novedades, todo de acuerdo con el manual de instrucción, no quitaba que le hiciéramos una joda a alguien con la consabida farra.

Uno de esos días estábamos con el sargento Dante Scartoni en la guardia. El baño del jefe quedaba pegado, lo separaba una fina pared de 8mm y se escuchaban los ruidos, hasta cuando se tiraba la cadena. Al baño de Miguel había llegado la tecnología. Su esposa se había comprado una masajeadora de esas que sacan los rollitos que estaba funcionando en ese momento. Yo paraba la oreja y le dije al sargento:

-¿Qué pasa? Es la aspiradora?

-no- me dijo Dante – es la masajeadora que ha comprado la esposa del oficial – y me explicó la finalidad que cumplía.

-Lo que es tener plata, che…-y quedó así.

Al otro día el sargento es relevado por el agente José Francisco. Al mediodía Miguel recibió una llamada que le comunicaba que su papá – que hacía diez días que estaba muy mal -  estaba por morir. Dice Miguel:

-Qué macana! No tengo hoja de afeitar y a esta hora del domingo dónde consigo una…

-Si querés te presto mi máquina eléctrica. Es flamante, me la regalaron las chicas ayer para mi cumpleaños.- Dijo Francisco.

-Bueno – dijo el turco – traémela, por favor.

Francisco la trajo y “el turco” se la llevó al baño. Lo escuchamos afeitarse, pero salió apurado para Saladillo y se olvidó de devolver la afeitadora.

-No importa – dijo Francisco – Hasta pasado mañana no la necesito.

El padre de Miguel falleció. Era un viejo sub oficial jubilado. Esa tarde vino el sargento a  tomar el puesto de Miguel y nos pusimos a tomar mate. En eso empieza a funcionar la masajeadora. Francisco no sabía de esta novedad. Al escuchar exclamó:

-¿No es mi máquina de afeitar?

-Sí es la tuya – respondí.

-Pero se dan cuenta que ni a éste – por Miguel – se le puede prestar nada? ¡Le presté mi máquina a él y la está usando  su mujer!

Al hacer fuerzo la masajeadora se aceleraba y Francisco cerraba los ojos.

-Te la va a fundir – decía Dante.

Francisco era fumador. Fumaba un cigarrillo por minuto.

-No…le decíamos – cuando la quieras usar le vas a tener que cambiar los peines.

-¿Qué peines? – gritaba  Francisco – Mañana cuando regreso del turco le hago comprar una nueva.

Quedó en silencio la máquina y al día siguiente apareció Miguel, se incorporó al personal, a contar su duelo y su viaje. En estos casos siempre hay novedades. De pronto Francisco le dijo:

-Che, Miguel, no lo tomés a mal…pero me tendrás que comprar una máquina nueva.

Miguel lo miró con sorpresa.

-¿Qué pasó? Te la devolvió mi señora?

-¡Qué señora! Yo te presté la máquina a vos y ayer la estrenó ella. Si vieras. Casi la  fundió con la  acelerada que le pegaba.¡ Se debe haber afeitado toda!

-Pero vos sos loco! Mi mujer va a la depiladora!...Lo que vos oíste es la masajeadora- y rompió en carcajadas.

Francisco tiró el cigarrillo y nos miró con bronca acordándose de nuestras dos madres. Nosotros partimos a recorrer gozando con la bronca del amigo.

 

 

 

PARTO EN LA OSCURIDAD

1973. Había regresado el general Perón. Era furor la venta de chatarra: cartón, plomo, hierro, etc. Yo estaba en la policía y en mis francos compraba bolsas vacías de cal o cemento. Hacíamos dos viajes por día desde Pinamar a Madariaga con mi ayudante Juan Remeicos el último de los cuales era ya cayendo la noche.

En el viaje de mi historia, llegando al Puente Platino, había un grupo de gente haciendo señas para que nos detuviésemos. Nos pidieron que lleváramos a la señora de Manuel Majul al hospital porque estaba descompuesta.

-Andá y acomodate sobre la carga - le dije a mi compañero – y que la señora ocupe tu lugar adelante. Cuando fui a poner el cambio, noté que había rozado algo raro en la pierna de ella y volví a tocar: era la cabeza de un niño.

-Señora, usted está pariendo

-Sí – dijo ella – no doy más.

Bueno, bajé y con la ayuda de otros la pusimos frente a la luz de mi camioneta en el suelo, sobre la banquina: la criatura estaba naciendo, así que no tuve más remedio que tomar las medidas para ayudarla en el parto. No teníamos nada, ni siquiera hilo. La señora me facilitó una toalla y un pañuelo de hilo, nada más. Saqué la criatura y con el borde del pañuelo até el ombligo, envolviéndolo en la toalla. En ese momento se detuvo Tati García, en cuyo auto cargué a la madre y al recién nacido, ya que tenía lugar suficiente y mayor comodidad para ellos.

Debo reconocer que el parto se efectuó en las condiciones más salvajes y faltas de higiene, con sólo pensar que la madre hasta último momento estaba juntando papas con su familia. Aquél niño hoy tiene 26 años. No salimos en los diarios y nadie dijo ¡qué bien! Al contrario, el silencio de la gente fue tan frío como el que se palpaba esa noche en el pasto. Pero había dos corazones contentos: el mío y el de Juan Remeicos.

 

LA 42

Nota de la autora:

Hace algunos  años un vecino y amigo, Horacio Gómez, me contó que cuando él era jovencito fue a trabajar a la plantación de Pinamar y le tocó vivir en “la 42”. Era en realidad el antiguo Barrio parque Los Eucaliptos, que ocupaba las manzanas comprendidas entre Marco Polo y Libertador Sur, desde la actual avenida Bunge hasta Jasón. Era un grupo de pequeños chalets que Jorge Bunge mandó construir a la empresa Casiraghi  para solucionar el problema de vivienda de sus empleados de Pinamar S.A.  Algunos eran compartidos por trabajadores solteros, otros eran entregados en préstamo a las familias. Contaba Horacio que se vivía muy bien, con compañerismo, y aunque se trabajaba duro, la vida era rica y entretenida. Tanto Pinamar como la empresa eran pequeños aún, los caminos eran muy malos y dependían unos de otros. “Cuero Crudo” mencionó en muchas ocasiones a “La 42”:

 

ESCOLASEANDO EN LA 42

Esto sucedió en medio de la mayor discreción, ya que era un tema tabú, fuese por camaradería o por ética. En el 58 yo era un recién llegado a  Pinamar, de modo que mi jefe Miguel Nazar me consiguió una casa como vigilante soltero en la famosa 42, un barrio ya desaparecido donde vivían casi todas las familias de Pinamar S.A.: Bautista Rinaldi, Jorge Taurizano, Medina, López, Vaca, Cazaballe, Taberna, Espinoza, Farías, Durante, Vega, Arístides Cundari, Francisco y otros que se me han olvidado.

El secreto era que cuando cobrábamos el sueldo hacíamos un asado o algo para despistar, pero en realidad  la reunión era para timbear al fico o al pase. Nos teníamos que cuidar de Miguelito. No nos perdonaría si se enteraba que estábamos “corrompiendo” a los demás, además desconfiaba de nosotros. Si nos descubría nos mandaba castigados de vuelta para Madariaga y allí ya nadie te iba a ayudar. Una de esas noches le gané el sueldo completo a Espinosa y otra vez a Scartoni le ganaron la mitad del sueldo. Al otro día les teníamos que prestar para que no se enteraran en su casa. Eran reuniones de verdaderos amigos, y te tocaba ganar o perder. Milicos y trabajadores, todos unidos en una amistad sincera nacida de mantener en esos parajes desolados la actividad y el orden. Salir a la calle a recorrer los barrios era para nosotros casi una fiesta, ya que sólo algún ebrio nos causaba un poco de trabajo de vez en cuando.

 

 

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Comentarios Las playas de mi pueblo

muy bueno el blog, aunq en realidad entre por q buscando datos sobre mis bisabuelos de apellido cerfoglio me aparecio tu blog, por eso t dejo el comentario para q si casualidad tienes datos sobre mi famila tengas a bien enviarmelos te dejo mi mail, desde ya muchas gracias, un abraso
gonzalo gonzalo 10/07/2010 a las 17:34
HOLA GONZALO. CERFOGLIO ES UN ANTIGUO APELLIDO DE MADARIAGA. AÚN HOY TIENEN SU FARMACIA EN LA ESQUINA DE ALBERTI Y AVELLANEDA. FUE LA SEGUNDA FARMACIA EN ESTABLECERSE, LUEGO DE HAMBERGER. EL FARMACÉUTICO ERA EN PRINCIPIO CAGIGAL. LUEGO FUE EMILIA BASSI DE CERFOGLIO. TIENEN FAMILIARES EN LOMAS DE ZAMORA. FABIÁN CERFOGLIO, EL HIJO DEL FARMACÉUTICO, TRABAJA EN LA TELE Y NOS HACE REIR MUCHO. GRACIAS POR TU COMETARIO.

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